Publicado el 18/06/2025 por Administrador
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El exvicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, vuelve a estar en el ojo del huracán. Este 17 de junio se instaló una nueva audiencia en su contra en la Corte Nacional de Justicia, en Quito, donde enfrenta su cuarto juicio penal, esta vez por presunto peculado. La acusación se relaciona con el supuesto mal manejo de fondos públicos destinados a la reconstrucción de Manabí tras el devastador terremoto de 2016.
El caso, conocido como “Reconstrucción de Manabí”, alega que Glas habría desviado recursos a proyectos que no eran prioritarios ni urgentes, mientras era vicepresidente en el gobierno de Rafael Correa. Según la Fiscalía, estos desvíos implicarían un perjuicio al Estado, aunque la defensa insiste en que no se ha demostrado beneficio personal alguno por parte de su cliente.
Actualmente, Glas permanece recluido en la Cárcel 4 de Quito, aunque su lugar de detención oficial sigue siendo el centro penitenciario de máxima seguridad “La Roca”, en Guayaquil. Su traslado a la capital responde a razones médicas y de seguridad, ya que su situación psicológica se ha deteriorado de forma alarmante.
Los informes psiquiátricos presentados en el proceso indican que Glas sufre una depresión severa recurrente, con pensamientos suicidas activos. El documento más reciente incluso señala que el exvicepresidente ha expresado ideas como “mi muerte sería un alivio para todos”. Este cuadro se agravó con un intento de suicidio en abril de 2024, cuando Glas ingirió 60 pastillas, según admitió él mismo.
Pese a la evidencia médica, el tribunal rechazó la solicitud de realizar nuevas pericias psiquiátricas, argumentando que ya existen informes suficientes para el manejo clínico dentro de la prisión. La defensa, sin embargo, alega que no se están garantizando los derechos básicos de su defendido y denuncia una persecución política disfrazada de proceso judicial.
Desde su celda, Glas continúa insistiendo en su inocencia. Sus abogados han calificado el juicio como “un espectáculo político”, sostenido por acusaciones débiles y motivaciones ideológicas. También han pedido que se respete su derecho a la salud mental y a un juicio justo, algo que, según ellos, está lejos de cumplirse.
Este nuevo juicio se suma a las ya extensas batallas legales del exvicepresidente, quien ha sido previamente condenado por asociación ilícita en el caso Odebrecht y por cohecho en la causa “Sobornos 2012-2016”. Ambos casos lo han convertido en una de las figuras más controversiales del correísmo y del escenario político ecuatoriano en los últimos años.
A medida que avanza este nuevo proceso, el país vuelve a dividirse entre quienes ven en Glas a un perseguido político y quienes lo consideran símbolo de la corrupción estructural que marcó una época. Lo cierto es que, mientras se define su futuro en los tribunales, Jorge Glas enfrenta una lucha aún más difícil dentro de sí mismo: la batalla por mantenerse en pie en medio del encierro, el desgaste emocional y la soledad carcelaria.